El sarcófago espacial de Laika despegó un día/
predecesor aniversario de mi nacimiento,/
y yo sospecho que su espíritu anticlaustrofóbico,/
sacudiéndose como agua el pánico de su cuerpo,/
deambula liberado en el cielo literal,/
estratosféricamente literal de los perros./
Laika murió tiritando en la frontera del mundo,/
en el límite entre la eternidad y los castigos./
Entonces en vez de forzar dibujos que no veo,/
constelaciones caprichosas de años luz de puntos,/
pienso en esta diosa peluda que gruñe y se mea/
en nosotros cada vez que truena, llueve y graniza,/
y si titilan las estrellas debe ser un juego,/
algún ritual para extirparle la docilidad/
y transformar los ángulos del firmamento/
en sonrisas salivosas de cánidos jadeantes./
Le ofrendo mi vuelta al sol como para recordarme,/
nunca olvidarme de lo absurdo de los sufrimientos,/
la innecesidad del sacrificio, y lo invaluable,/
lo infinita e indeciblemente invaluable del ocio.
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miércoles, noviembre 06, 2019
domingo, julio 28, 2019
Futura vida
Quisiera reencarnar en una perra,
gustar de todos y parir cien hijos,
comerme uno sin culpar al hambre,
defecar en la puerta de la iglesia,
no rechazar oler mierda, no amar,
sentir amor por fuera de ese término,
poder lamer mis propios genitales,
disfrutar con el viento, el sol, el suelo,
padecer con la lluvia, el sol, el suelo,
manipular sin habla, ver sin miedo,
no entender la vergüenza de la muerte,
no saber cómo descifrar los juicios,
no saber que no sé nada y que sí,
observar las miradas sin pudor,
no definir belleza, tiempo ni arte,
ser mi voz, mis entrañas: no tenerlas,
no saber qué es tener y tener todo,
no tener la razón ni no tenerla,
no distinguir la plata del cartón,
admirar las presencias y las sombras,
no dar ni reclamar explicaciones,
gozar más del olor que de la idea,
no priorizar los culos y las caras,
en cualquier dirección de prioridad,
tener un nombre y que me de igual cuál,
no tener nombre y acudir lo mismo,
intuir el futuro y lo infinito,
no cuestionar mi irracionalidad,
ni la tuya, ni de los dos el miedo,
obstinarme en kilómetros y en horas,
desconocerme en el espejo aun más,
no perder tiempo con la duda en dios.
gustar de todos y parir cien hijos,
comerme uno sin culpar al hambre,
defecar en la puerta de la iglesia,
no rechazar oler mierda, no amar,
sentir amor por fuera de ese término,
poder lamer mis propios genitales,
disfrutar con el viento, el sol, el suelo,
padecer con la lluvia, el sol, el suelo,
manipular sin habla, ver sin miedo,
no entender la vergüenza de la muerte,
no saber cómo descifrar los juicios,
no saber que no sé nada y que sí,
observar las miradas sin pudor,
no definir belleza, tiempo ni arte,
ser mi voz, mis entrañas: no tenerlas,
no saber qué es tener y tener todo,
no tener la razón ni no tenerla,
no distinguir la plata del cartón,
admirar las presencias y las sombras,
no dar ni reclamar explicaciones,
gozar más del olor que de la idea,
no priorizar los culos y las caras,
en cualquier dirección de prioridad,
tener un nombre y que me de igual cuál,
no tener nombre y acudir lo mismo,
intuir el futuro y lo infinito,
no cuestionar mi irracionalidad,
ni la tuya, ni de los dos el miedo,
obstinarme en kilómetros y en horas,
desconocerme en el espejo aun más,
no perder tiempo con la duda en dios.
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