viernes, mayo 24, 2019

El viento de la esquina

Hoy no me di cuenta y salí sin bombacha
y con la calza un poco descosida
justo ahí donde las cuatro costuras se juntan
y llegando al cruce de las calles
un viento o un polvo o no sé qué
se metió en ese punto y me hizo cosquillas
que me provocaron apretar las cejas,
mi respuesta inmediata quiso ser y no pudo
meter la mano y pellizcar
pero en una esquina había dos policías
masculinos y afirmativos
les esquivé mi mirada
femenina y negativa
y miré otra esquina
donde de un camión en la puerta del chino
descargaban mercadería
hombres también
también con ojos en la cabeza
las otras dos esquinas también
eran ojos de hombre,
apreté las piernas y meneé el paso
como para rascarme sin manos
y me acordé de mis catorce años
y mis catorce pajas diarias
mis épocas de asexual en las que la idea de tocar
cualquier otro cuerpo
que no fuese el mío
me daba
asco
quizá no sea
asco
la palabra
más bien desinterés y timidez extrema,
esa época en que también esquivaba miradas de varones
como para que una mampara me separe del mundo
y también me inmunice del aburrimiento de la escuela
y sobre todo
sobre todo
no me censure las pajas.
Ahora el equivalente sería que me inmunice
del tedio de salir a la calle sin poder disfrutar al máximo
la calle misma,
prefiero los adoquines a tu cara
el asfalto a tu existencia
este cielo, este polvo de brisa y hasta un diluvio al boceto de tu figura.

También me hicieron acordar
–los ojos y mi caminada–
a mis once años
y al nene que gustó de mi toda la primaria
y me acosó durante años,
a mí un poco me gustaba
con su actitud atorrante,
y en una fiesta en la escuela a la que fui de minifalda,
cosa rarísima porque me cohibían mis patas de flamenco
pero ese día estaba cómoda con el viento en la entrepierna,
le pasé cerca y me contorneé como una gata de lo feliz que estaba
y quise gustarle más,
él lo advirtió y se burló al día siguiente
y dijo que mi amiga estaba más linda,
que qué me creía, que qué me hacía,
yo me quedé sin entender entonces
qué es lo que le gustaba de mí,
si que él decidiera cuándo tenía que ser linda
o que no tuviera derecho a sentirme linda por mi cuenta.
Desde tan al principio
las miradas de los varones
te dicen quién tenés que ser.

Cuántos escrotos habremos visto rascarse en la calle.
Cuántas pijas anónimas vimos
antes de entender
la vulva en primera persona.

Medio sin querer,
en el tiempo que demoro en cruzar esta calle
mientras me siento inhibida
frente a miradas de varones de cuatro esquinas
y miro al cielo o al asfalto que no juzgan,
pienso en mi vida y mi relación con el mundo
suena demasiado amplio lo sé
pero los sentimientos llegan como un flash.

En qué momento del crecimiento
el cuerpo se empieza a sentir como otro
y lejano o ajeno.
En qué paso cruzando la calle
llega el punto máximo de desprendimiento
de mi voluntad y mi materia.

Me siento poco inteligente con el cerebro totalmente embebido de paranoia.
Pienso que siempre fui algo tonta –y quién no
que siempre gustó más de lo que imaginaba que de lo que veía,
no me pidan tantas reflexiones
porque soy abstraída
no hago mucho juicio
disfruto
o padezco.
Creo que fui inteligente
hasta los trece o catorce años,
cuando la interpretación cultural
a la que se someten las hormonas y los físicos
me obstruyó el cerebro, la voluntad,
la creencia en la libertad,
la curiosidad,
lo peor de la adolescencia no es la estupidez
que nos dicen que padecemos
y la que padecemos
o la torpeza
sino la obligatoriedad a ser útil,
a servir
en el sexo
en la producción.

Crecí callejeando
y sintiéndome dueña de mis pasos
pero nomás hasta que por mi culpa
cambió el mundo conmigo más que yo
mientras el tiempo marcaba en mi cuerpo
ser la necesidad de los extraños,
preferí entonces crecer encerrada
entre fantasías, libros y música.

Crecí tocando el piano y así
no tenía que darle explicaciones
a nadie de nada
sólo era mover los dedos
y disfrutar la música
el correr del tiempo
la mirada libre
el pensamiento en sí mismo
fuera del texto
una danza en miniatura.
Crecí masturbándome y así
no tenía que darle explicaciones
a nadie de nada
sólo era mover los dedos o mover mi cuerpo
y disfrutar la sangre
el correr del tiempo
la mirada libre
el pensamiento en sí mismo
fuera del texto
danza inmedible.
Crecí inventándome gente y así
no tenía que darle explicaciones
a nadie de nada
ni fumarme a la gente que analiza
que creen que entienden a las personas antes de percibirlas
que dan consejos sin pedirlos,
el pensamiento en sí mismo
fuera del texto y las miradas,
tampoco me gustaron mucho las preguntas que piden explicaciones
pensamiento manipulado
lejos de sí mismo,
nunca supe bien qué responder
creo que siempre fui medio una tonta
que nunca supo bien qué responder
que se aburre de la gente que cree que es inteligente
todos saben tanto
tanto
definiendo todo
son tan cansadores.

Cruzando la calle intento imaginarme mi cuerpo visto desde afuera
y no puedo evitar sentir
la ridiculez de la existencia.

Antes de ser ridícula fui niña.

A mis seis años me vio un nene
          desnuda y tocándome
durante una década o más no me importó
pero después aprendí que por eso había que tener vergüenza
y la padecí en retrospección
pero más padecí a los ineptos
que no saben
ni desnudarte ni tocarte
espero que aquel nene haya aprendido aunque sea
que las nenas pueden hacer esas cosas

            solas.

Mi caminata desea ser lo único.

Me pienso de vez en cuando
–para no llegar al horror del aburrimiento–
como si fuese una recién llegada desde otro planeta
y hago el esfuerzo (casi siempre inútil) de admirar.

El cordón de esta vereda es idéntico
a tantos, a aquel que trajo el recuerdo
de ese atardecer
en el que tres compañeritos –líderes y galancitos–
me acorralaron muy cerca y una cabeza más altos,
y traían la consigna debatida:
tenía que elegir uno de ellos que me gustara
no podía no elegir
no podía no
pero no tenía respuesta
el cerebro no entendía
por qué estaba oyendo eso
y por qué tenía que responder,
solamente estaba inundado por el deseo
de desaparecer de ahí
de volver con mi abuela
a su guarida salvadora
sin inquisiciones y con opciones infinitas
de sentidos novedosos
a tomar café con leche
y seguir viendo los dibujitos,
no sé qué elegí
los tres me parecían indiferenciables
con cara de esternón, voz de orden y personalidad neutra,
desde tan al comienzo entendemos
las opciones como pocas
restringidas
invariables
me acordé de otras veces peores
en que no pude
decir que no
que no encontré la opción
liberadora de la negación,

cómo se plasma el texto
del que no tiene palabras
con qué gesto habla,
todos esos textos que hemos oído
que nos han obligado a pensar como ellos
todas las tres opciones aburridas
tres opciones pocas
qué tan hondo se nos metieron en el entendimiento
cómo han logrado que pensemos antes que deseemos.

Cuántas veces ni el no es suficiente
que dan ganas de inventar otro concepto más allá, un no más no,
con qué poco te pueden hacer no existir
ni decidir
cuando no tenés palabras.

Aprieto mis muslos entre sí
mi sexo no existe para el mundo

es lo que él decidió que sea.

Quién mira los pasos de una sonámbula
y sobre cuáles recuerdos deambula.

Ahora, veinte años después de mi primera menstruación
voy aprendiendo a convivir
creo
estoy más relajada
identifico mejor
quiénes me caen bien
siempre es más fácil sentir empatía por
seres ficticios o animales o ídolos
porque son convenientes o sumisos
y nuestras mentes los moldean a nuestro placer
o nos hacen sentir que somos ellos
pero creo que el desafío está frente a las narices
y que el enemigo es mayor y mucho
más abstracto que cuerpos individuos
sacos de tripas, ojos, sangre, mierda.

En qué momento el cuerpo propio
dejará de sentirse como otro
lejano y ajeno.

Disfruto el sexo con otro cuerpo
hace bastante poco,
pensando en los años de actividad,
siento que estoy vengando y homenajeando
a la niña pajera que fui
y sacándome de encima la frigidez que me dejaron
los cuerpos y miradas indeseables
de aquellos de quienes los hombres buenos
dudan de su existencia
aunque sean ellos mismos.

Igual me creo más libre
por esa vocecita interna y autoritaria
que me grita
empoderate
y yo trato lo más que puedo
y a veces creo que lo hice
pero sigo nadando en mi cerebro bobo
de pocos e intensos placeres,
de muchos y banales disgustos,

me creo más libre
y el desengaño me escupe a la cara
por ejemplo ahora
después de atravesar el viento de la esquina
porque aún no termino de cruzar la calle
y estoy puteando por dentro
con el culo fruncido y la concha seca
porque las miradas de los ratis
que infectan toda esta ciudad apestosa
no me dejan rascarme el papo izquierdo.

domingo, mayo 19, 2019

Teatros con presencias

Lola es la ama del teatro.
Tiene en cada célula una sílaba o nota musical de cada obra representada en la sala. De algún magnético modo atraviesan las paredes, bajan las escaleras, recorren los pasillos y llegan hasta el cuerpo gordo y cómodo de Lola.
Nunca vio la luz del sol, sus andanzas van siempre por el mismo camino, un pasadizo rodeando un cuadrado con todos los camarines al centro.
Es la compañera de los artistas, de esos visitantes, de esos huéspedes sin su permiso, que al menos les rascan el lomo y la suben a sus historias de instagram con miles de  seguidores.
Nadie le da de comer. Su panza le cuelga turgente y se bambolea al compás de sus pasos.

Los gatos siempre saben ir adonde están los fantasmas.

miércoles, mayo 15, 2019

Poema (bosta) de amor en prosa (o sea palabras todas seguidas)

Quiero escribir un poema en prosa, sin tener que contar sílabas ni sospechar rimas, y no sé bien qué hacer, claro, porque con versos cortos y espacios es más fácil que suene a poesía la cosa. Ahí usé un punto. Y es la misma trampa. Digo. Punto. Y pausa. Y la cadencia de las palabras cambia. Por ejemplo recién. Quiero escribir un poema en prosa pensando en vos, poema de amor, o algo así, pero con el sueño no sé en qué labios pensar, si en los del karaoke o en los del cunnilingus, y se me superponen las ideas, las visiones, se aglomeran las palabras. La poesía me dice que no tiene que ser narración, y me relajé de esa opción, entonces me surgen imágenes. Me pareció una linda imagen esa, la de tus labios, pensar en ellos, para iniciar un poema, tu voz también. No sé cómo escribir un poema de amor sin sonar cursi, sin sonar a mal hecho, sin decir estupideces que precisen del enter para quedar disimuladas. Pausa. Dejar pausa acá. Y pensar en el silencio. Respirar. Mirar a un costado, como dudando. Busco cómo decir algo en palabras, yo no entiendo las palabras, no sé acomodarlas y sentir que dicen lo que soy. Yo no soy en palabras. Detenerse. Seguir. Me imagino a mí misma como una flor llena de néctar, y a vos como un colibrí sediento. Qué bosta, qué obvio. Se me murieron las metáforas, con vos soy pura literalidad, te quiero cerca, pegado a mi cuerpo, adentro de mi cuerpo. Te quiero todo el cuerpo y todo eso que tu cuerpo hace. Cantar. Coger. Mirarme con los ojos entrecerrados cuando soy tu modelo vivo. Me aburren los poemas de amor, tener que ser romántica y decirte cuánto cuando te pienso o veo me vibran las pupilas, la piel y el culo. O pensamientos poéticos al estilo de que mis dedos extrañan tus labios, para acariciarlos antes de pasar la lengua por ellos. El país es un asco ahora y me enamoré de vos en plena mierda. Y bla. Pero no voy a hacer eso. Insertar frase rebuscada e ingeniosa aquí (tengo la sensación de una frase así pero no las palabras). No voy a contraponer el horror de la realidad a lo hermoso de nuestro amor. Analogía misteriosa e indescifrable. Como si tuviera que ver una cosa con otra. Como que así parezca más hermoso, más intenso, más valiente. Oxímoron predecible. Más que así nos necesitamos más. Bla. Puro bla. Porque la verdad que nos da lo mismo, nos da lo mismo aunque sepamos que mientras nosotros culeamos están destruyendo el mundo y nuestro propio escepticismo nos corroe también por dentro, culearíamos lo mismo en el edén o en un apocalipsis zombie. Supongo y suspiro. Pienso en tus ojos para hacerme la que me inspiro. Me distraigo con el silbido débil de mi respiración contra un moco seco en mi narina izquierda, qué nota será, me lo saco con el meñique, lo hago una bolita y lo tiro mientras pienso en qué pensar. Miro al gato que duerme y pienso en esas conclusiones tan charladas sobre que los animales no saben de la muerte, o del futuro, o el movimiento de los astros, o no saben que no saben, o no saben que no saben que saben, o que nosotros no sabemos qué carajo saben. Lo miro y pienso qué cruel fue la naturaleza, en hacer a esos bichos más hermosos que a nosotros, así es muy difícil que no existan las guerras, o la xenofobia, y seguramente no padeceríamos tanto la hora pico del subte si estuviera llena de gatos en vez de gente. En fin. Vuelvo a vos y al asunto del amor. Pienso en las poetisas que admiro, y cómo escribieron sobre su sufrimiento y los chongos que las hicieron sufrir, y pienso que quizá yo no pueda escribir porque no sufro. Creo que si me hicieras sufrir ni mierda que te hago un poema. Mi energía quedaría absorbida por mi odio, me juntaría con mis amigas a putearte, releería todo el guasap desde el día uno para sentir la carcomida despedazadora de la nostalgia masoquista, lloraría mordiendo la almohada como una puberta, terminaría de odiarte y te bloquearía para siempre de las redes, haría un dibujo con tu forma y lo llenaría de alfileres clavadas, respondería dócil a las consignas que me aleccionan sobre lo mierda que es el amor y el cuento de enamorarse. Pero bueno. Acá estoy, sintiendo la piel incómoda sin tu piel cerca, viendo que el espacio es insulso con el vacío de tu volumen. No tengo remate para este no poema deforme. Lo dejo sin final. Para retomarlo cada vez que me acuerde de vos y no tenga ganas de llamarte ni de pajearme ni de stalkearte por quincuagésima vez ni

martes, mayo 14, 2019

El cuarto de Barracas

Creo que en mi habitación hay fantasmas y quieren que me vaya.
Este es el barrio porteño de barracas.
Y este es un muerto como tantos enfermo de fiebre amarilla, que antes de morir mató a su patrón porque había violado a su novia. Supuso. Se levantó moribundo de la cama, con los ojos rojos incendiados, vomitando sangre y delirando, porque soñó o imaginó que su mujer, que nunca estuvo embarazada, paría una criatura de ojos verdes como los del patrón. Le clavó un vidrio en el ojo. De la sorpresa ni alcanzó a reaccionar el viejo. Qué loco será el cuerpo que como reflejo mientras le entraba el vidrio tuvo un comienzo de erección. Final y senil. Tirado encima echándole el aliento apestoso murió el negro, y se desplomó boca contra boca, muriendo a la vez con las sangres desordenadas.
Esos dos muertos quedaron en la habitación hasta hoy.
Lo sé porque un día sentí crujir y partirse él solito un vidrio.
Otro día, sentada e inmóvil, pensado en alguna banalidad al estilo de ir a la verdulería, sentí una brisa en el ojo.
En la habitación hay un sótano. El piso es de madera, los pasos suenan a hueco acá. No me estaría animando tanto a bajar. Tampoco es que me asuste mucho la idea. Estoy en ese punto medio de la desidia. Necesito una motivación para correr un mueble y levantar esa puerta.
Pero estoy tirada en la cama mirando el techo que está como a cinco metros y pensando que quizá la mirada de este fantasma, cuando aún no lo era y tenía ojos en el cráneo, recorrió exactamente el mismo punto de coordenadas del mundo que mis ojos.
Me esfuerzo buscando en ese pensamiento aquella sensación abismal y reveladora que sentía de niña cuando pensaba cosas por primera vez, y no lo consigo. En qué momento el escepticismo invadió todas mis emociones. Estoy vieja o estoy por morir. Me pregunto.
No puedo ir al sótano. Estoy ocupada mirando el techo y aburriéndome.
Pero las maderas crujen.
Insistiendo e invitando.
Yo por lo pronto estoy cómoda.
Nunca me gustó la soledad ni me dio impresión la sangre.

viernes, mayo 10, 2019

Lluvia vertical

Las gotas de lluvia suenan sobre el plástico del techo.
Caen persistentes. Confirmadas. Indudables.
Con verdad de agua que cae en un techo.
Hay algo mucho más real en esas gotas
                                          que en toda la historia
                                          de la humanidad.
Cuando quiero ignorar las certezas éticas
que invaden mi cerebro
                          prejuicioso
                          inauténtico
                          contaminado
                          convencido
                          manipulado
       por el sistema
       pero también
       por aquellas otras reglas
                                    que imponen
                            quienes pretenden
                            romper el sistema
me concentro entonces
en la lluvia
en algo tan concretamente inabstracto
                   como el sonido de las gotas
                                 estrellándose
                                 y rompiéndose
                                 y dejando de existir
                                    o todo lo contrario
                                                   multiplicándose
                   en un techo.
Ese sonido debe ser casi idéntico
       a las primeras gotas que cayeron
                              de la primera nube
       o a cualquiera que vayan a caer
                              desde posibles e infinitas nubes.
Esa certeza es la misma
que la de que todo puede empezar
otra vez.

sábado, mayo 04, 2019

Pornografía en sonetos


1. A Cupido,
(Homenaje a "A Eros", de Alfonsina Storni)

Acechabas, te vi y abrí el pescuezo
con tu propio flechazo que movías,
aproveché yo también para herirme
y me clavé tu angelical corona.
Mientras morías desnudé mi vientre,
temblaban tus pupilas engañosas,
extirpé de un tirón tus ojos de oro
y sin apuro los metí en mi sexo.
Carneé de punta a punta el torso triste
y exhibí al cielo negro mis hazañas.
Viéndonos se apareaban las sirenas
y en las montañas de la playa albina
yo con tus vísceras. Lavó la luna
la sangre que no bebí con las olas.



2. Al espejo
(homenaje al de J. L. Borges con ese título)

¿Por qué persistes, pervertido espejo,
en duplicar la bestia de ocho piernas,
ocho o más, con otro espejo, eternas,
y empeorarnos afuera del reflejo?
Eres como un nosotros mejorado,
me salvas del escorzo y me muestras
con los cuerpos completos cómo entra
por rincones de mí ya no ocultados.
El hecho de existir en ti más bellos,
te agrega magia, y más magia a ellos,
y a nosotros la envidia de entender
que de tan verdaderos que se ven
lo son más que nosotros, y aún más:
su goce es más y más y más y más.


3. A un sueño húmedo o una fantasía, no sé

Yendo a verte en el espacio pringoso
del verano que sube calcinante
adelanto la humedad penetrante
del espejo que nos mira morboso.
Un pulpo me levanta cariñoso,
lento y entre mis nalgas palpitante,
levito en la caricia fascinante
que es metáfora de vos fogoso.
Pero es que no se coge con poesía,
ni con sueños o un recuerdo vivaz,
ni con decir qué te haría y me harías,
aunque ya que me voy a calentar,
poniendo en amor propio mi energía,
reveo los videos de guasap.


4. 69
(Un poco de homenaje a O. Girondo y a "Amor constante más allá de la muerte" de F. de Quevedo)

Se chupan, se babean, se penetran,
el poema está escrito en el colchón
y en seis nueve el compás de la canción
que hacen con las lenguas y sin letra,
ese espejo asimétrico que encuentra
veinte dedos, huecos cinco y montón
de líquido que ayuda hasta el dofón
que quepa entero o no según qué entra,
cabeza que conoce bien el yeite,
juguetes que de a un par se han metido,
multiorgasmos que tanto fuego han dado,
cada uno, embebido en aceite,
sexos, bocas, anos serán queridos,
polvo echarán, mas polvo enamorado.


Tres sonetos de contradicciones, homenaje a Sor Juana Inés de la Cruz


Relativismo
("Correspondencias entre amar o aborrecer")

Algo que me batió un desconocido
resulta seca concha por odiado,
si lo mismo decís vos por deseado
se me chorria hasta el suelo de fluido.
Si en la calle cualquier gil atrevido
apoya, toca, muestra o es sarpado,
vos podés hacer todo y ser amado
por lo mismo que el otro aborrecido.
Será que cuando estás a la distancia
la mierda abusadora más padezco,
en contraste, el celo se hace fuerte
porque medio que son las mismas ansias
con las que quiero a quien mi cuerpo ofrezco
que con las que a quien odio quiero muerte.


Desencuentros
("Prosigue el mismo asunto y determina que prevalezca la razón contra el gusto")

Lo que quiero atrás tengo adelante,
si abajo querés ir te pongo arriba,
querés quedar conforme con saliva
lo que pienso llenar de lubricante.
Cuando esperás que sea dominante
te ruego que me ates bien pasiva,
si te da por tomar la iniciativa
ya te puse como quise triunfante.
Si pedís el perrito yo no quiero,
insinuás el seis nueve y pido rana,
sin coordinar difícil que se encaje.
Pero frente a la opción antes prefiero
cogerte por el culo aun sin ganas
que poner yo el mío y se te baje.

Inconformismos
("Resuelve la cuestión de cuál sea pesar más molesto en encontradas correspondencias: amar o aborrecer")

Quizás el más perfecto no se siente
tan fuertemente como era esperado
y uno más raro o medio doblado
desde algún ángulo al ge le da fuerte.
Si a uno discrimino por diferente,
otro me frustra por soblevaluado,
si alguno no funciona en cierto lado
otro hueco lo va a hallar preferente.
Cuando flasheo con la variedad
a veces me voy para lo fantástico,
busco escaparme de la soledad
e invento un imposible plan orgiástico,
y si me aburro de los de verdad
desprecio a todos y agarro el de plástico.


8. Uno para un graffiti

Desde el principio que estoy encantada
con tu voz, ojos, cuerpo, y la manija
que tengo ni bien recuerdo tu pija
me tiene suspirando y bien mojada.
Así es como estoy de enamorada,
que en mis labios tengo la idea fija
de que pase tu lengua y no se aflija
mi concha por estar ya preparada,
por eso que tus manos me provocan
con mimos suaves o apretones duros,
para tenerte adentro y como loca,
en plena luz del día o en lo oscuro
siempre pienso en los besos de tu boca
y en cuánto la extrañamos con mi culo.


9. Premoniciones

Amanezco inventando imágenes y frases
para hacer y decirte cuando tu cierre aprieta
y mi mano adivina qué quiere la bragueta,
que se hincha y empuja advirtiendo qué hace.
Cuál es tu favorito, no sé, donde pasase
resbalando tu glande, de piel tersa y violeta,
suave, hondo, constante, la caricia perfecta
por cualquier agujero al que quieras que entrase.
Son muchas más las ganas que las opciones (tres)
de sentírtelo adentro, y apurar el preámbulo
de mirarlo crecer, de tocarlo con hambre,
y el paladar se moja por saber bien que ves
lo mucho que me gusta el encuentro noctámbulo
y el show del semen cuando salta que da calambre.


10. Con la ausencia

Cuando abro los ojos y no veo los tuyos,
curiosos e indiscretos, si es que no sería antes
que nada tu erección, bien dura, palpitante,
o no oigo tus hermosa y los demás murmullos,
me quedo consternada, pensando en los arrullos
de las mañanas en que deseaba abundante
que abrieras mis caderas y te postraras ante
la zona de mi cuerpo que gustases. Yo huyo
de estas sábanas solas, e invoco la ternura
de tus dedos, tu lengua, la pericia de aquéllos,
el ingenio de ésta, de todos la cordura
que me hacen perder, y me corren destellos
que obligan a mi mano a complacer la locura
que me causa tu imagen atrapada en mi cuello.



11. Polémica de coger con uno lindo pero boludo
(Homenaje a "Riesgo de celebrar la hermosura de las tontas" F. de Quevedo)

Mármol lo apodó mi ojo confundido
y me lo contradijo una mesada;
dije luz el color de su mirada
y me puteó este fuego, que hago y cuido.
De mano de cristal es engreído
y ni del caucho o goma es envidiada,
con él pensé a mi cama desbocada
cuando fue sólo afónico crujido.
Oyendo a Arjona y Coelho por ronce
nombré Quevedo y Mozart a su charla;
llamé al pene escultura de oro y bronce,
pero si metal fuera, al compararla,
sea eunuco, y quirúrgicos entonces
mis dedos por correr para empeñarla.


12. A los polvos malos

Sufre sin entender el pobre loco
qué es, para qué sirve y dónde va a estar
el clítoris o erógeno lugar
o lo que sea que saque el gusto a poco.
Este lienzo y adónde poner foco
no resultó tan fácil pincelar
por querer entender sin preguntar
un cuerpo más complejo que el barroco.
Aburrida del fracaso insistente,
sin encontrar una excusa oportuna
—y él sin cortar por miedo a que lo cuente—
concluye, por desgracia o por fortuna,
que al no explicar lo que se quiere y siente
termina siendo mala también una.


13. A uno que no puede con su cansancio

En el delgado borde de vigilia
resistís sin firmeza, casi tanta
tiene tu miembro, yo calculo en cuánta
cantidad de ademanes se concilia
tu sueño. Va tu voz que reconcilia
partes de alguna frase en la garganta
con ronquido esbozado que me canta
rastros de metafórica zoofilia.
Mascullarás obscenidades tiernas,
quizá. No entiendo bien. Quiero entregarme
al peso de tu cuerpo, es una roca
tu cráneo, una almohada mi entrepierna.
Estoy entre ignorarte o amigarme
con el insomnio y violarte la boca.



14. Diálogo entre dos canes
(Homenaje a "Diálogo entre Babieca y Rocinante", de M. de Cervantes Saavedra)

—Estoy en celo, ¿me montás?, vení.
—Sí, mirá, entró sin manos, qué proeza.
—Ja, pavote, empujá con mucha fuerza,
no doy más. —Lo noté cuando te olí,
te hago sextillizos. —No, salí.
—Tarde, imposible, es la naturaleza,
¿y crías por qué no, te da pereza?
—Montón, soy piel y hueso. —Sí, te vi.
—No sé cuál tengo más, hambre o lascivia,
es que no como. —A tu dueña: escracho,
o llorá. —Es que están muy encerrados,
y parece que nada les alivia,
la ama vive embobada con su macho,
y que nosotros más abotonados.


15. BDSM 1.
(Homenaje a "Mientras por competir con tu cabello", de Góngora)

La palabra de seguridad era
esternocleidomastoideo, ¿okey?
otra no vale, no rompas la ley
por más que llores te hago lo que quiera.
Dejame al borde, que sienta que muera,
soy perra, sucia, esclava y vos el rey,
ahorcame, rebencame como a un buey
que más me excita cuanto más fulera.
Gozan esclavo, buey, perro leal
antes que de esperar la muerte helada
gustando de otra muerte no real,
se burlan de ambas en la bufonada,
que el sexo que les dicen que es normal,
es tierra, es humo, es polvo, es sombra, es nada.


16. A una celosa de la comida

Jornada fría, lluviosa, perfecta
como para quedarme todo el día
con mi carne de ansiedad y porfía
ofreciendo a sus pupilas hambrientas.
Le di mis senos de mango caliente,
mi sexo un durazno dulce y carnoso
frutilla mi lengua, gajos jugosos,
toda mi pulpa para que se tiente,
y frutas literales prefirió...
Dos horas rellenando una colita,
no la mía, precisamente no,
una al horno, con miel, ajo, papitas.
Me pondría la gurmé en el totó
para que tenga con las dos la cita.


17. A un sueño esdrurótico

Por más que en general estoy besándote
con un entusiasmado empeño lírico
el seso se distrae anarco, onírico,
y reemplaza el gerundio por cortándote,
sin juzgar lo que gozo yo chupándote
ni escapar de ejercer mi rol vampírico
delirando hasta el colmo en lo satírico
vigilo el fuego en el que estoy asándote.
Si sos víctima de un sueño antropófago
me encanta la visión fantasmagórica
con mi propia persona de sarcófago.
También rehúso esa excusa alegórica
y te siento recorrerme el esófago
sin oniris, sin ficción, sin retórica.



18. BDSM 2
(Homenaje a "¡Avanti!" de Almafuerte)


Si me postrás diez veces, te lo admito,
o las que quieras, cien o mil quinientas,
nunca son suficientes o violentas
como para no reforzar el rito.
Con la pasión bestial con que ahoga el grito,
agarra, tira, sacude y aprieta
o me mima cuando estoy somnolienta
la misma mano que tejió el nudito.
Un desprejuicio animalmente fuerte,
esposas, vendas, cera, chirlo y trazos
de una cuerda que marca el espinazo.
Y yo confío en vos más que en la suerte
aunque prefiero que aflojés el brazo
cinco segundos antes de la muerte.



19. Al optimismo frente a la incertidumbre de no saber si te veré
(Homenaje a "¡Piu avanti!" de Almafuerte)


No me doy por vencida ni advertida,
no me digas que no ni aunque no puedas,
pongo fe en la insistencia y quizá cedas
a mi exageramiento de sufrida.
Tengo el tesón del can que por su vida
necesita del dogui y te lo ruega,
que a tu llamado da confianza ciega
y menea la cola a lo que pidas,
al maíz que me des, feliz te grazno,
tu escribiendo es mi aullido en luna llena,
a tu en línea soy terca como un asno,
sonrío al celular, noticia buena
porque envié el emoji del durazno
y respondiste el de la berenjena.

Círculo enviciado

yo no puedo escribir nada
a mi no me pasa nada
interesante
ni nada
tengo que inventar que otros escriben
no lo que quiero escribir
porque tampoco quiero escribir nada
es solamente
para hacer algo
pero sobre todo
leer
es que me divierte leer
lo que otros escriben
pero me aburre
leer
lo que ya está dicho

mi cerebro muchas veces me pide
deprimirme entonces me exagero males,
o la empatía de dolores ajenos
llega al absurdo,
o invento personajes que sufren de verdad
(¿de verdad?),
yo sufro porque invento que sufro
y lo termino creyendo
por lo tanto sufro.
Nada es mentira
pero todo es falso,
y comparando mis ideas a mis células
veo que estás en la misma:
existen o no,
depende cómo se las mire
o quién las describa.

lunes, diciembre 17, 2018

Sin título, con duda

Con cuántas historias de instagram se hace un poema.
Con cuántos estados o con qué tanto equilibrio entre Broadway y chacarares se escribe una canción.
Cuántos femicidios por día se precisan para que nos dejemos de coger pelotudos misóginos.
Cuánto autoestima nos levantan los likes, los corazones, los pulgares para arriba.
Qué tan ancho es el rango de caras y cuerpos que nos excitan.
Hasta dónde llega tu gordofobia y tu racismo.
Qué tiene más puntaje, la corrección política o las insolencias ocurrentes.
Cómo se milita desde una silla.
Cuánta calle se necesita para creer que las sabemos todas.
Y nuestros cuadernos silenciosos.
Valen más o menos que esos discursos públicos, aplaudidos.
Quién le pone la voz a les tímides, sin que sea eso una interpretación autoritaria de un silencio violado.
Vale la pena hablar si no queremos que nos escuche nadie.
Que todas estas frases, a veces se lean en tono de pregunta. A veces no.

Canción imaginaria de la vieja Roberta en silla de ruedas para su coreografía imaginaria de un joven semidesnudo desangrándose

Decime si tu sangre ya llegó al río
quiero ir a bañarme, quiero sacarme el frío
y volver a aceitar
mi corazón
seco y antiguo
Mojame con la humedad de tu cuerpo
si pudiera bailaría contigo
¡Ay! la luna de cobre
sabe qué tengo
tan escondido
en mi voz
mi voz
Si hay dos espejos encontrados frente a frente
todo ahí atrapado se percibe infinito
hasta el tiempo que pasa
hasta los pulsos
hasta la sed
las heridas
Mentime adónde se va a acumular tu sangre,
si llega a regar la raíz de mis delirios,
fantasean mis vísceras
enamoradas
con ser las tuyas,
o si sólo va a reflejar el cielo
me echaría a beberme lo que sos
y a la luna de cobre
rota en el suelo
en el mar rojo
de tu cuerpo
mi voz
Desde aquí oigo tu corazón sin control
que marca los pulsos de esta danza de lava,
cuando la luna vea
tu muerte lenta,
y desquiciada
se te ría
aunque también vuelque su manto colorado
y se quede desnuda y fallada en la noche
me cubriré con él
mientras que el tuyo
desaparece
con mi voz
mi voz
Voy a sumergirme en lo que dejaste
y a dudar de todo lo que canté
¡Ay! la luna delata
plateada ahora
la soledad
de mi piel

mi piel




Primera versión:


Dime si tu sangre ya llegó al río
que quiero ir a bañarme
quiero sacarme el frío
y aceitar de nuevo mi corazón resquebradizo.
Mójame con la humedad de tu cuerpo
si me pudiera mover bailaría contigo
¡Ay! la luna de cobre sabe lo que tengo escondido.

Miénteme adónde va la sangre,
si va a regar los árboles de las fantasías
de mis vísceras enamoradas que quieren ser las tuyas
o si solo se queda ahí, reflejando el cielo.
Si camino va a ser para chapotear
y echarme de barriga a beberme lo que eres
¡Ay! A veces la luna de cobre me habla del miedo que le tienes.

Desde aquí oigo el bombeo de tu corazón descontrolado
no te asustes, no te detengas
la luna de cobre se ríe de tu muerte lenta
pero derrama ella misma su manto enlodado,
que aunque sea yo me cubra con él
si tú te secas bailando
¡Ay! la luna de plata delata
la soledad de mi piel.

Canción de Clementina a Melina suicidada

Esto no es una canción
pero te doy mis palabras
con la forma de tu espacio
toda tu sal tiene alas
todo el mar vierte tu furia
bañando la arena blanda,
si no estás que seas música
si hasta los peces te cantan
si hasta te cantan los médanos
cuando sacuden sus sábanas
y te recitan las olas
sus roncos versos de plata.
Esto no es una canción
tengo un ruido en la garganta
de la que era tu voz,
pienso con notas tu cara
y la veo irse al viento
igual que las crestas blancas
con el ritmo de tu pelo
tu libertad/mi guitarra.

No me queda más consuelo
que el de rellenar la calma
con manojos de recuerdos
antes que también se vayan,
los meto en un caracol
para escucharte en la playa.



Primera versión:


Tengo un ruido en la garganta
esto no es una canción
ni tiene forma de canción
pero tu voz se lanza al viento
y yo la extraño porque la veo irse
y pienso en notas tu cara
tu pelo en ritmo
tu libertad mi guitarra.

Te doy mis palabras, Melina,
con forma del hueco que dejaste.
Si no estás que seas música
si vuelves que seas fuego
o espuma de olas
o ese rumor de los médanos
como cuando nos reíamos del mundo
tiradas ombligo arriba.

Tu voz se lanzaba al viento
y yo la atajaba
para que no se fuera.

No me queda consuelo
más que el de cantar
y llenar silencio y soledad
con un manojo de recuerdos sin rima
que vuelvan cada vez que ahuyente
la ausencia de tu cuerpo
y los ponga en un caracol
para escucharte en la playa.

Tu voz se lanza al viento
y yo ya la extraño cuando la veo irse.

lunes, septiembre 10, 2018

Música

De la literatura lo que siempre más me gustó es la música de las palabras. Y enamorarme de los personajes. Y tratar de pensar como ellos. Pero sobre todo la música. Llegaba a un punto en que hasta podría dejar de entender el contenido del texto, el significado de las palabras y sólo escuchar la música, entraba como en una somnolencia, un letargo de música de palabras carentes de sentido o de sentido importante. Si leía muchas horas ese cantar se me contagiaba y me resonaban melodías en el cerebro, a veces diciendo cosas, a veces no diciendo nada, sólo la música de prosa. Me divertía saber que le estaba imitando la música a un novelista. Perder esa música, no tener música de palabras, es como perder el rumbo, como tener la cabeza llena de barro, desordenado e informe. Mi sueño fue siempre poseer mi propia música, y escribir novelas con ella. El problema es que con esa música no alcanza. Se necesitan palabras que sirvan como excusa. Y yo nunca encuentro nada para decir.
Quiero encontrar la manera de no perder nunca la musicalidad literaria de mi cabeza.
Recuerdo con amor las noches que no dormía, donde alguna melodía no me dejaba en paz y me desvelaba desafiándome a escribir.

Hijos de los setenta

¿Qué nos dejaron los setenta? A los hijos de los setenta. ¿Brazos cansados de lucha cercenada? ¿O levantados de victoria infinita, inventada, imaginada? ¿Nos dejaron la ingenuidad de los inventos? ¿La ingenuidad ardiente de los deseos? Nos dejaron quizá un andar triste por el recuerdo de los muertos. Un andar triste por discursos que suenan a púa gastada, discursos nostálgicos, utópicos, escépticos, delíricos. ¿Pero nos habrán dejado también ese afán de juzgarles el miedo, el heroísmo, el sinsentido, la juventud, el escepticismo? ¿Nos habrán dejado no entender cómo o por qué? Creo que también nos dejaron la sangre hervida cuando ojos buitrosos de carroñeros neoliberales nos miran, insensibles, ojos de negocio, de consumo, de comodidad, que nos miran como si entendieran, como si perdonaran (como si tuvieran algo que perdonar), como si simpatizaran o empatizaran, monstruos apáticos, como si fueran cómplices de nuestras miradas, como si nos explicaran algo esos ojos de paternalistas despóticos disfrazados de bondad.
¿Qué nos dejaron más, los años setenta digo, qué nos dejaron más, odio o resignación? ¿O manojos de nervios crispados cuando circulamos en el catálogo de descartables, pañales del sistema? ¿O sentimientos casi inencontrables pero inevitables y sinceros de un futuro mejor y posible? Futuro a pesar de todo, a pesar de tanto, tan a pesar.
¿Nos habrán dejado ese no negociar la necesidad de libertad? Libertad estructural como el orden de nuestros huesos, el aire de nuestros pulmones. ¿Pisar un suelo por amor y otro por desidia? ¿Desconsolar los pasos sin rumbo, sin peso, sin piso? ¿Deseo de justicia de nuestros ancestros mutilados por nuestros otros ancestros? ¿Sed de identidad, o sed de diferenciarla de nuestra identidad? Nos dejaron sed, nos dejaron agua que nos quitan, vida que nos cobran, nos dejaron pisar un suelo como si fuera nuestro, como si no lo fuera, como si fuera de todos, o como si un suelo fuera de alguien, como si se definiera como un ser.
¿Por qué creemos sólo en el Hombre, como si Dios no fuera cruel? ¿Por qué creer en lo viceversa? El azar es benevolente al lado de los esquemas que estamos heredando como una víscera podrida a través de los genes y los años, y la tan mencionada memoria no da abasto o se mezcla con sueños, venganzas. ¿Se hereda el tiempo pausado?

lunes, septiembre 03, 2018

Resto

Conforme el tiempo avanza
yo me voy llenando de vacío.
Me espero al final de mi vida
para brindar con las sobras del olvido.

domingo, agosto 26, 2018

Dos

Admito la depresión pero la odio ideológicamente,
no soporto el egocentrismo absoluto del depresivo,
de creer que el sufrimiento es mi propiedad privada
y la sensibilidad mi esencia.
Vivo entonces con la adicción al sufrimiento
y también siendo la burla de mí misma,
desvinculándome, no creyéndome en lo que siento,
siendo a la vez dos que no hablan el mismo idioma
pero que no se caen tan mal como para soportarse
en el devenir infrenable del tiempo que se pierde.

jueves, agosto 23, 2018

deslices borderline

Una imagen de mí que no soy yo se encalla entre el recuerdo y la espera. Cómo hará mi cuerpo para colarse entre mis dedos. Ellos lo sostienen pero viscoso se transforma en penumbras. Soy más ese tiempo perdido
que estas fibras quejumbrosas. Adonde voy no hay umbrales donde llamar ni puertas que abrir y las paredes las tengo dentro.

Hay herrumbres, las oigo como si lastimaran con sus filos, pero cada vez soy más inmune a todo lo que es.

Estos futuros instantes del pasado que son el ahora, limbo de inexistencia, se parecen mucho a la muerte con su carácter de desagüe, eco oscuro. No sé. Y el olor, de piedras y humedad. Y el idioma. Ojos que hablan con los ojos sobre los ojos y mis ojos lloran sobre los paisajes imposibles.

Quise hablar del olor recién, para pensar en algo que haya en este silencio de carne, silencio de historia, silencios habitantes de rincones. Bajo la bruma los pies de agosto,
fríos de agosto palpan las baldosas. La bruma de la ensoñación habría de abrigarme abriendo vertientes de sangre seca. Así me sumerjo en esos líquidos sin bordes, sin continentes, sin profundidad, sin buscar.

Y esa risa que se quedó congelada, como una máscara grotesca, es el tiempo desordenado que me corre por dentro mirando a mi presente enjaulado y temeroso.

A la soledad no la odio ni la quiero, porque la tengo conmigo, es mi par. No es mi amigo el vacío ni mi enemigo, porque ese vacío soy yo, y soy mi propia indiferencia viéndose en el reflejo de un lago estancado, en el que en el fondo atadas a piedras están las posibilidades que no fui, difusas.

Trato de mirarme las manos, pellizcarme un brazo, para entender que existo, pero me distrae la no existencia y el no entendimiento.

domingo, octubre 01, 2017

Haikus

Con tantos labios
no distingo en qué boca
me estás besando

se vuelven las dos,
réplicas y lejanas,
intercambiables

me preguntaste
cuál es la que sonríe
te digo ambas

cuál se babea
y te moja los dedos
la que prefieras

jueves, septiembre 07, 2017

Imágenes masturbatorias para cuando estás menstruando

La vulva está hinchada y carnosa,
late y gime y es como un medio durazno
pulposo y dulce que derrama
                 juguitos.
La sangre es lava y el útero es
una caverna amplia y movediza.
Flotás en almíbar y hay un pulpo.
un pulpo.
viscoso y tibio
con sopapas y bocas
que te besa en los labios. Mayores y menores,
y te succiona y se adhieren en vos sus tentáculos.
Los tironcitos de sopapas te mueven la sangre por dentro
y te aceleran el pulso.
La boca suave de tu amante aparece
en el cunnilingus
y su índice en tu punto g.
La sangre se derrama
                     en su mano
Todo vibra y te aprieta.
Mientras
tenés la otra boca suave de tu otro amante
besándote la boca de la cara.
El pulpo ya solamente te abraza por la espalda, te aprieta
las nalgas, las costillas, la cintura y te penetra por detrás, te recorre los intestinos
y te acaricia
la nuca y el pelo.
El fuego doloroso de tu útero
se convirtió en alivio espeso

miércoles, julio 26, 2017

Sexo

Tengo ganas de hacer del sexo un acto sublime de algo así como el nirvana,
de transportarme más allá de lo descriptible.
Pero hay algo de esa cuestión jipi espiritual que me da frigidez,
como coger con una momia cubierta de musgo y olor a insienso.
Y por otro lado, la frivolidad de la pornografía también me resulta deserotizante,
no sé
quizás es ese circo ante las cámaras,
o la envidia de ver que les resulte fácil
(y que encima ganan plata con eso, y yo acá, que no cojo ni gratis a veces)
Cómo conseguir el equilibrio entre la solemnidad y lo grotesco.
La entrega física total sin que tenga ningún peso moral, idealizado, religioso
y a la vez que esté cargado de sentido de la conciencia.
Resumiendo
quiero coger como un animal pero sintiéndome
elevada como un buda
y sabia como una filósofa.

lunes, marzo 20, 2017

.

Dispuesta a buscar el rumbo de otros ojos, de otros latidos. A inventar otros deseos y buscar hacerlos realidad.

Estoy aburrida de tener miedo. Y me enoja estar aburrida.

jueves, noviembre 17, 2016

Ejercicio de meditación erótica

Necesito hacer un ejercicio de meditación erótica. Porque los encuentros son fugaces y esporádicos. Porque son fugaces aunque sean horas, porque se van volando. Porque no hay tiempo que perder, porque siempre viene la muerte amenazando cerca. Porque se van los días. Y me escatimás encuentros entones hace falta exprimirlos al máximo, y me escatimás encuentros entonces los recuerdos se multiplican exponencialmente, y hasta quizá se inventen y exageran bondades. En esos recuerdos mil veces recorridos a causa de la espera es donde saltan las torpezas que también se multiplican como burlándose. Es por eso que necesito hacer una meditación, pensar bien qué va a pasar el próximo encuentro que no sé cuándo será, así que hay que aprovecharlo, porque el tiempo apremia, porque viene la muerte, que no descansa y nosotros sí, después de agitarnos y penetrarnos, y tengo que pensar hondamente en qué no quiero que se me escape. Mi meditación erótica empieza por pensar que no quiero besarte de menos, que nunca están de más los besos y las lenguas, que de ser necesario tengo que suspender el tiempo ahí, en pensar en tu boca, en apretar para abajo con mi mano tu mentón para que tu labio de abajo me ofrezca blandura, en pensar en sumergirme en tus ojos negros, en que no voy a tener miedo de clavarte la mirada, en concentrarme en la línea perfecta de tus pestañas, porque suspenderse ahí no es una pérdida de tiempo, aunque sé que el tiempo urge, porque la muerte siempre se acerca sin parar. Y pienso que también voy a desnudarte, y a acariciarte y besarte desde otros ángulos y a no dejarme la ropa puesta si me molesta, que voy a hacerte ver que mi cuerpo me excita, que me excitan mis pechos, mis nalgas, mi ano, mi vulva y mi boca, y hacerte ver que te necesito ahí, y bien, y pronto, porque el tiempo se va volando y viene la muerte desde atrás, que me abraza, y a veces no se si es ella o si sos vos el que me muerde el cuello y no puedo no mojare tanto con vos porque la vida es hermosa y vos estás vivo, y además no me conocés y no sabés que soy tímida.

Yo me inventé un día que me gustaste. Lo decidí. Soy yo el ser deseante, te inventé como objeto de deseo, y vos sos real. Cómo no va a ser perfecto. Nunca se me habían juntado tanto en una misma verdad una imaginación y una existencia.

Pero si yo soy una persona tan simple. Por ahí lo único que quiero es que me acaricies la cabeza como quien acaricia una mascota, como distraídamente y sostenidamente, capaz que algo así me alcanza para ser feliz, capaz que me alcanza para convencerme de no tirarme por el balcón, porque el tiempo que apremia y la muerte que se abalanza sedienta, presionan de maneras profundas, y dan ganas de sacarse de encima los mil pesos, pero es ahí cuando pienso que hay que acariciarnos la cabeza como si fuéramos gatos, porque no sabemos en qué momento podemos tirarnos por el balcón, y el tiempo se derrocha sin que nos toquemos, y la muerte no frena, avanza derecho y paciente. Y es un día más que se pasa sin que a vos te importe que yo no haya admirado tus ojos o tu mirada. Quiero ser clown y reírme de lo patética que soy cuando un hombre me gusta, lo contradictoria, lo incoherente, lo pasional, hormona, visceral, estupidal. No voy a combatirlo, no me puedo cambiar, toda la vida intentándolo, voy a reírme de mi, aceptarlo y burlarme eternamente. Soy la comedia más a mano y más barata que me puedo encontrar. Creo que así me gustaría más a mi misma.

Al final, todo es tan parecido a una ficción. Creérsela. Y jugar el juego. Pero en eso va la vida, es así de simple. O no tanto. Llega el punto en que hay que decidir hasta dónde llega el cuento o dónde empieza otro.
La trasgresión está en suponer que las ficciones pueden superponerse, no contradecirse. Y sobre todo, no depender de ellas, dominarlas, y usarlas a nuestro favor.

El problema de escribirte es que te doy más importancia que la que tenés. Para mí sos alguien imponente mientras que yo para vos a veces soy menos que una sombra. Debería dedicarte un cuaderno en blanco y olvidarme de vos (¿por qué?). Es que escribiendo tengo el poder de inventar. Podría inventar otro hombre, de esos que existen y que andan por ahí, y que me quiera más (¿quiero que me quieran). O que me necesite y me busque más. Que si me desea que me lo demuestre.

miércoles, agosto 24, 2016

Meditación guiada

La voz de youtube dice una meditación guiada.
Yo acostada en el piso lloro.
Me pide que piense en mis riñones, y agradezca.
Que piense en mi páncreas, y le agradezca.
Les agradezca por ser páncreas y riñones, y por todo lo que hacen por mí,
mantenerme viva.
Lloro por mi páncreas, mis riñones, mi columna,
me dan pena,
más que yo.
Y también lloro porque no siento pena de mí.

viernes, junio 17, 2016

Estrella fugaz

Fijate que te quedaste inmóvil en la noche de un balcón de un sexto piso, pensando más o menos en la estrella fugaz que viste de pedo hace un rato en plaza italia, entre puteando un poco la música fuerte del bar de enfrente e ignorando la angustia del recuerdo de la jornada.
Es que así pensás a las tres de la noche, te agarra una desidia nostalgiosa que quién te la saca, ni quién ni qué, imposible, con la cabeza atiborrada de imágenes, una melodía del réquiem de Brahms que se mezcla con algún timbre agudo de la persistencia rítmica del samba brasilero, un sabor a caipirinha mal hecha, un piano sin tapitas blancas que te deja sucias las yemas, una gata parturienta que dejó líquido amniótico en una cajita que guardaste para siempre, un lápiz de labio que nunca usaste, un hipocampo de gomaespuma perdido, un taladro que no tenés para poder colgar la estantería. Todas estas cosas que lo único que tienen en común es estar acá ahora a las tres de la noche en un balcón de 14 y 42 rato después de que la luz de una estrella fugaz entrara de pedo por tus pupilas y a vos se te ocurriera pensar que quizá el día no habría sido tan malo, ingenuamente, como siempre, para arrepentirte un instante después de ese pensamiento absurda y astralmente optimista y pensar que lo único que hiciste del día fue plantar ese brote germinado de manzana, porque los brotes nos salvan la vida, a veces pensás eso en un balcón del sexto piso con un tenue pero estable miedo a desear caer, miedo a la muerte dicen, peor, miedo a desear la muerte. Para compensar patetismos es que pensás, forzándote a la melancolía que no tenés ganas de sentir -inventando incluso tristezas que no tenés-, dándote la parte de persona más grande de lo que sos, como quien razona desde su inmensa sabiduría, en recuerdos que mirás de soslayo, como si no te importaran mucho, o como si los tuvieras superados, aunque te pesen como los instantes en que te volvés plenamente consciente, sabés de qué hablo, esos instantes en que te sorprende saber que tenés vida, cuerpo y futura muerte y podredumbre, y como quien no quiere la cosa, le esquivás a tanta angustia y te ponés a plantar brotes de manzana a las tres de la noche, o hacés una comparación de las distintas formas de acariciar de los hombres, o respirás tres veces bien profundo, primero tapándote una narina, después la otra, y volvés a dudar de cómo se pronunciaba esa sílaba en alemán, y puteás cuando pensás que eso que hiciste -eso, es tanto- tendrías que haberlo hecho distinto, y el sueño te gana y te aburre hasta escribir, y lo hecho hecho está, y el pasado te pesa como los ladrillos atados al tobillo del que trata de flotar y el futuro te sonríe con sarcasmo desde un lugar difuso, y en el presente estás vos que te la das de hedonista como si todo te chupara un huevo y esa mentira te la dejaste de creer hace mucho, y sabés que seguís escribiendo, aunque sean las cuatro de la noche y mañana tengas que madrugar, porque no querés arrancar el día y tan sin excusas estás que te pusiste a escribir mierdas que no vas a leer nunca más, salvo hoy mismo, a los treinta años, en un balcón del sexto piso pensando en tus manzanas que ojalá se hagan árboles.

martes, mayo 31, 2016

¿Qué dice?

Tanta poesía que no dice nada
solamente para pedir ayuda,
¿Habrá servido o se la dieron solos?
Tantos relatos para oídos sordos,
¿Son ficciones donde uno se escuda,
o certezas que inventó la gilada?

miércoles, julio 22, 2015

domingo, febrero 10, 2013

Pacífico 2 años atrás, 50 ASA


Le saqué una foto. Pero ese mar, esa arena, esa luz, ese perfil de barco como un hueco en el cielo, todo eso, así, tal cual, recién es sólo una idea.

domingo, febrero 03, 2013

La moral 2

El derecho al aborto libre sigue sin existir.
Pero si dijera que me comería mis embriones de mis embarazos no deseados, escándalo.
Asco de esta sociedad.


jueves, enero 31, 2013

La moral

Me da asco la moral social general.
Si existiera en el mundo la costumbre de usar los muertos de occidente, de gente rica y burguesa, para alimentar los desnutridos y tratar de mermar el hambre de África en lugar de dejarlos pudrirse en cementerios, eso, la antropofagia sería lo inmoral.
Asco.


miércoles, noviembre 07, 2012

Príncipe



Había una vez
un príncipe valiente
un valiente galán
un galante piropeador
un piropo osado
una osadía obsena
una obsenidad hiriente
una herida violenta
un violencia disimulada
un disimulo maltratador
un maltrato sutil
una sutileza caballerosa
una caballerosidad elegante
un elegante galán
un galante valiente,
ese príncipe había una vez.



martes, marzo 13, 2012

Matando a Kafka

Se había desvestido en el cuarto. Iba hacia el baño con el toallón en la ano. Llegó distraída hasta la bañera como para colgarlo en la pared y vio que adentro había una cucaracha ansiosa por intentar trepar las paredes demasiado lisas de la bañera. Se sobresaltó violentamente. El asco que sentía por estos bichos era indecible. Y además, no podía evitar ahora, por culpa de Kafka, humanizarlos. Se llevó rápidamente el toallón al pecho, como si además de asco sintiera pudor frente al bicho. Se alejó de la bañera con violencia caminando hacia atrás, después, un poco atropelladamente, llegó hasta el cuarto. Tenía la respiración entrecortada y el pulso acelerado. Unos escalofríos le recorrían el cuerpo y los músculos de la cara se le habían fruncido en un gesto grotesco de repulsión y angustia. Había que pensar en cómo matar la cucaracha. No tenía de esos insecticidas poderosos para cucarachas y a estas horas era imposible comprar lo que sea. La idea de aplastarlo con una zapatilla era impensable, de sólo imaginárselo, una especie de bola de asco se le ubicaba en la nuca y le inmovilizaba todo el cuerpo. Pensó en un palo largo, como de escoba, que agarrándolo de la punta su mano podía llegar a estar lo suficientemente lejos del bicho. Pero desistió igual que con la zapatilla. La vibración del crujido del cuerpo duro de la cucaracha atravesarían todo el palo y llegarían a su mano, y eso es algo que sus nervios no podrían soportar. Y ni hablar que con esta técnica debía mirar atentamente dónde ir con el palo porque el bicho no se quedaría quieto y entonces vería cómo el jugo espeso se le saldría del cuerpo y cómo se le quebraría el lomo y quizá alguna pata se le saldría. Mientras pensaba en todo esto se vistió rápidamente, toda. Su cuerpo desnudo era demasiado indefenso frente a aquella presencia. Fue a la cocina a seguir buscando opciones y a prepararse un té. Mientras calentaba el agua se le ocurrió que quizá lo mejor sería echarle agua hirviendo. Trató de pensar en otras alternativas pero terminó decidiéndose por esa. Cuando se terminó el té cargó la pava eléctrica al máximo y puso la temperatura al máximo. Sostuvo la mano en el aire frente a sus ojos. El pulso le temblaba muy sutilmente. Se había tranquilizado bastante. El agua hirvió y ella fue decidida al baño. Entonces se acercó de a poco a la bañera. En cada paso el rostro se le iba deformando más, aunque aún no la viera. Cuando llegó al borde de la bañera vio que la cucaracha se había volteado y estaba con las patas al aire. Cómo había llegado a esa posición, pensó. Es algo que siempre se había preguntado. Qué extraños movimientos debía hacer una cucaracha para quedar acostada sobre su lomo. Era la posición de Gregorio Samsa aquella mañana. Contrajo mucho más la cara. Ahora la cucaracha ya no se podía pasear por toda la bañera, ahora estaba quieta en su lugar pero, en cambio, las patas se sacudían frenéticamente. Esa cucaracha estaba viva, con su sistema motriz y todos sus sentidos en excelente estado, pero en un instante iba a morir quemada, todo su cuerpo iba a sentir un dolor indescriptible. Malena tenía el cuerpo entumecido. Cerró los ojos y volcó el agua. Cuando volvió a mirar, el cuerpo estaba inmóvil. Después lloró durante una hora.

viernes, enero 20, 2012

Mi temor es que algún día pase a ser intenso, más que el miedo a la muerte, el miedo a la vida. Ahí voy a estar parada frente a un abismo. Ahora sólo estoy acorralada.

domingo, diciembre 04, 2011

Herencia



Dedico mis palabras a mis hijos nonatos y no concebidos, porque son más infinitos que la muerte.


sábado, octubre 08, 2011

Filosofía

No me las voy a dar de tan hedonista,
no sólo hay placer en la vida,
también descanso
y silencio




lunes, septiembre 05, 2011

En el mar

Salió la gaviota agotada
después de atravesar algo de agua.
La llegada parece no ser nunca una llegada
cuando se recuerda tanto.
Recuerda la gaviota arrepentida
el pez que dejó pasar.
Acá, ahora,
estamos ausentes del pensamiento de la gaviota,
entre las piedras erguidas de cara al viento
nos alegramos que su pensamiento esté en el mar
y nosotros en el pez.


domingo, junio 05, 2011

Sobre la literatura

Un libro de poemas
es mucho más lento
de leer que una novela,
incluso El Quijote,
o Los miserables,
porque a cada uno
hay que leerlos veintinueve mil seiscientas millones de veces
o las que haga falta
para que se estampe en las retinas,
se digiera bien
recorra las arterias
retorcijonee las tripas
se defeque y desde la calidez íntima del inodoro
suba hasta inspirarse hondo y así
invadir
todo el organismo.


viernes, marzo 11, 2011

Las 4 estaciones de Vivaldi

La primavera.
1er mov: Típica, grandiosa, mil veces oída, mil veces vista, mil veces sacada a pasear por la placita. El tema se repite para que no queden dudas. Después dos violines se juguetean como dos moscas a punto de fornicarse. [1'10''] Florecen en coreografía los árboles y los hongos. Algo aparentemente trágico se anuncia, y un violín se queja, puro espamento, no pasa nada grave, como un niño, el tema se hace menor no más y cae la noche fresca, hermosa de primavera, el eco del día queda resonando.
2do mov: En un colchón de cuerdas, un violín se retuerce de lamentos de amor.
3er mov: Amanece de nuevo como es de esperar, como también llega cada año la primavera, el sol atravesado rebota decidido entre rocas y yuyos y despierta a las hormigas, ranas, osos, culebras y los demás y les dice que la vida es hermosa pero que no les dura mucho más que mientras estén en su presencia.

El verano.
1er mov: Pesado y sudoroso, como una noche de enero en Mendoza. Las cosas y los ratos se apelmazan, cuesta caminar. Chispea y el ánimo se levanta, los insectos tienen motivos para vivir, pero el hastío siempre vielve. [3'00''] Amenazan las nubes, el aire se mueve y se activa la respiración de los sonámbulos.
2do mov: Entierro de un recién nacido. Se marcha sin ganas con la vista en el suelo que pasa lento hacia atrás, con dolor en el vientre. Las opciones de imposible futuro del difunto se anuncian de a ratos, persistentes y extorsionan el ánimo.
3er mov: La tormenta explota, pasan los siglos, las frutas se pudren, las semillas se ahogan y a los mortales se les mezcla el sudor con las lágrimas.

El otoño.
1er mov: Las hojas se doran como si eso tuviera algún sentido. Salen de los espacios publicitarios, de las cortinas de programas de radio, y se van cayendo, una a una, al suelo. [1'11''] En el suelo hay alimañas que aprovechan a alimentarse de las hojas antes que tengan que hibernar. [2'10''] Las termitas dominan la tierra, devoran los árboles, muebles y casas de gobierno. El violín es cómplice. Observa. Y acepta. [3'28''] Un anciana (otro violín) sufre por la pérdida de su jardín. Sus quejas llegan a las nubes y en el olimpo los dioses debaten su sufrimiento. Se burlan y siguen bebiendo vino tinto a merced de las termitas.
2do mov: Una mantis religiosa pasea entre los despojos y a su camino encuentra seguidores de su cuento carismático. Todos nos enamoramos hipnóticamente de ella..
3er mov: Marchan las raíces por debajo de la tierra, a reconstruir el mundo. Dos violines llevan el estandarte de la gloria y resurgimiento ingenuos. Como un rompecabezas arman el planeta, acostado y plano como un rompecabezas armado.

El invierno.
1er mov: De a una se congelan las cosas, salvo el aire, que se agita agudo y tiritando hace escabullir los pensamientos de los ateridos. Hasta que despiertan lúcidos como nunca más después.
2do mov: ¡Cómo se luce hasta el césped después de una helada! El sol platea la escarcha y la humedad es lírica entre las ramas suspendidas en tiempo y lugar. Algo de hielo se derrite y cae en gotas que no se evaporan nunca.
3er mov.

jueves, marzo 03, 2011

Artes mayores

Dice el erudito decepcionado: Ni García Lorca en palabras como las que dice el viento que dice a la niña, deja que levante tu vestido para verte. Ni las rimas seductoras de unos quevedos. Ni el mismo Cervantes, con su Quijote, un par de veces disfrutado. Ni la fuga de Bach esa, no me acuerdo en qué tonalidad, ah cómo me gustaba estudiarla. Ni la prosa de Saramago, Melville, o Carpentier, de las de música perfecta. Ni una trompeta de Davis. Ni un aranjuez de Rodrigo. Ni el poema de Girondo. Ni la historia de la filosofía. Ni el big bang. Ni las ciencias que no entiendo y admiro. Nada.
Nada. Es tan cautivadoramente sublime como esta palta que me estoy comiendo.


Fin de un día

La noche llega
y me trae la negación de todas las cosas.
Después la negación y hasta las cosas se van.
Y sólo queda la noche.


lunes, febrero 28, 2011

Escribe Montserrat su diario en 1978

Hoy, enojada. O haciéndome la enojada, que vendría a ser lo mismo. Enojada con el Pibe, tipo estúpido. El Pibe mi corazón de melón con sal, mi mango sin cáscara que me lo quiero comer a besos. Pero tengo que ser fuerte, me estoy haciendo la enojada y se lo merece, así que tengo que aguantar. No le contesto y miro la tele como si me interesara. Y si, ya me tiene podrida, yo a sus caprichos, yo a su servicio, y los míos a lo último, y si es que, porque después a esa altura ya está cansado. Yo, su durazno en almíbar, su compota de frutillas con merengue. Tanto apelativo. Para qué. A mi me gusta, pero sólo en sentido figurado. Pero entonces hoy vino juguetón como una gatito a hurgarme la nuca haciendo poca atención de mi seriedad y lo rechacé enojada. Ahí tenés tus frutas, le dije cortante y me encerré en el cuarto. Esta mañana yo no tenía ganas, y además al final pareciera que le gustaran más que yo. Casi que estoy celosa. Me hizo quedar inmóvil y desnuda, acostada boca arriba mientras me iba decorando como una frutera de centro de mesa. Poniéndome encima y encima del colchón, continuando mi figura, todos los colores de frutas posibles. Ananá en argollas se me pegaban a los senos, los huecos de las clavículas, del estómago y al costado del cuello repleto de frutillas, cerezas, frambuesas, uvas. Medialunas de melón por las costillas, en fin, duraznos, peras, manzanas rodeándome, metidos hasta las axilas, y a lo último, como frutilla de postre, sandía, una media sandía entibiada precavidamente antes por el Pibe un largo rato al sol. Yo la tenía que sostener entre las piernas abiertas mientras el Pibe arrodillado entre mis piernas me miraba extasiado haciendo un agujero sensualmente con el dedo en la sandía. Yo lo miraba. Con mi manera de mirar que es de cariño pero no se nota. Parezco seria y represiva, pero es una seriedad contemplativa y admirada. Me gusta verlo excitado, es bello. Y es más bello porque no sabe que es especialmente bello cuando está excitado. Está en su mundo. Y eso también un poco me molesta. Con las frutas parece que está más enamorado de ellas que de mi. Me dice palabras de amor y palabras sensuales, pero mientras acaricia la sandía y es como si fuera a ella a quien le habla, me besa y muerde el cuello pero sobre las frutillas semiescrachadas en mi piel. Se saca toda la ropa, me mira de arriba a abajo, le deslumbran los colores. Se desnuda como un niño, torpemente. Lo miro con mi ternura seria y me gusta que vea que estoy un poco distante, para que sienta que tiene que estimularme más. Me dice cosas obscenas pero yo no cambio el semblante, me excito un poco más, y bastante más por verlo desnudo e ingenuo y natural. Está desnudo y está erecto, arrodillado entre mis piernas, lo veo imponente. Creo que el Pibe tiene un pene especialmente bello, no sé si será el amor, o la confianza, pero me parece hermoso y me gusta para agarrarlo desde abajo, acariciarlo desde la entrepierna, las ingles, los testículos, agarrarlo con la mano entera y disfrutas el glande enternecida hasta las tripas. Pero no ahora. No lo puedo agarrar porque lo está ocupando en agrandar el agujero que había empezado con el dedo. El Pibe goza, goza que no cabe en si, es gutural, es visceral, es auténtico. Va lento, penetra la sandía con cautela, una parsimonia de movimiento con intensión sobrecargada. Intenso y lento. Le digo que no embista porque la cáscara dura me duele contra la pélvis, se tiene que apoyar en sus brazos y entra y sale de la sandía casi flotando. Mejor, porque desde ahí puede ver bien todo y se agacha cada tanto a comer de mi cuello y a besarme en la boca con jugo de frutas. Sé que mañana se me va a ir el enojo después de sus explicaciones: sólo vos sos la importante, mi amor, la única, la verdadera. Esas son para diversión pasajera".

Hoy el Pibe me cogió bien. Y se las da de un aire arrogante que me causa gracia y lo veo infantil. Pero yo sé que fue gracias a mi. Yo marco el tempo y le pongo la esencia, el tono, si va a ser de tal cual estilo. Le mostré uno por uno los papieres de Klimt y yo buscaba las poses de esas modelos y le pedía que me fuera corrigiendo. Yo me masturbaba suavemente mientras le decía cosas cariñosas, que lo deseaba, que lo amaba, que quería su mano en lugar de la mía, que quería su lengua en lugar de su mano, que quería apretarle con mis muslos su cintura mientras me penetraba honda y húmedamente. El Pibe miraba los dibujos, me miraba a mi, me oía y no decía palabra. Mantenía su altivez solemne y atenta y a mi me observaba con el respeto a una actriz. Me encanta actuar para él y usar este escenario que es mi cueva y mi nido, la habitación amplia y cobriza de pisos de madera y casi despojada de muebles, con telas sugerentes, texturas eróticas y colores que se encienden más en nuestros besos. Hice de este cuarto una extensión de mi cuerpo y en él hago lo que quiero. Hago lo que el Pibe quiera, y mi placer es máximo cuando el placer también es suyo. Ya en un punto en el que la excitación no podía hacerme razonar más, dejé de escuchar las indicaciones del Pibe, me olvidé de los papieres e hice uno que a Klimt se le habrá olvidado dibujar. Inclinada sobre la cómoda, dándole la espalda al Pibe, con una pierna levantada hasta apoyar el pie en una silla, me levanté la pollera azul pesada, única prenda que me quedaba puesta, y me la enrollé en las ancas, dejándola caer por adelante y los costados como una cascada y mostrando al Pibe las entradas a mi alma. Yo estaba tan inclinada que casi podía mirarlo al revés por entre mis piernas. Con una mano me apoyaba en la cómoda y con la otra me tocaba la vulva, sus labios, su contorno, el clítoris y acariciaba la entrada a la vagina, aunque sin meter los dedos, quería aguantar y dejarlo para después y que el Pibe estuviera atento de si algo entraba por ahí. Yo estaba tan mojada que sentía que podía chorrear hasta el piso, era un volcancito lento que no paraba de bullir y la humedad fue tanta que sentí que había metido la mano en merengue. El Pibe decía que quería beber de mi fuente, que quería hundirse en mi lodo, y en sus palabras, las imágenes me inspiraban una sensualidad de mar, de ola que viene, se va y vuelve, frotando la arena y meneando otra ola. Yo estaba casi en mis últimos alientos cuando entonces el Pibe vino a mi completamente duro, y se hundió, como él había dicho, sin agresión, suave como yo había empezado, hasta lo más hondo, salió, suave, hasta casi salir del todo y volvió a entrar hasta el fondo, donde, trémolo me abrazaba y apretaba como para nunca perderme, y a mi se me reventaba el corazón y la garganta en el orgasmo mientras el Pibe derramaba su tibieza en mi y me comprimía con sus brazos gruesos el pecho y el vientre. Dame tu lengua, le dije, y me besó como la primera vez.

Anoche tuve un sueño que refuerza mi amor con el Pibe, y por el Pibe. Hacíamos el amor, o mejor dicho estábamos por hacer el amor, y él me preguntaba ¿Te gusta la coprofagia? y yo le decía, me gusta todo con vos, mi amor. Entonces cagaba, algo gigante en un plato y yo le decía ay, no, no, mejor no quiero, y él me decía, pero mirá, si es rico. Y lo que había en el plato se trasformaba en un postre de chocolate y dulce de leche y yo comía maravillada mientras el Pibe me besaba el cuerpo y se tiraba pedos que parecían de café.
Le conté el sueño al Pibe y él me dijo que una vez soñó que estaba en un tren y una mujer sexualmente llamativa lo sedujo y lo hizo sentarse entre las piernas bajo la muy corta falda de ella y sintió que estaba muy húmeda ahí, pero notó algo extraño y demasiado texturado. Sacó la mano y vio que lo que tenía era atún con ketchup. Y a él le encanta, le fascina el atún con ketchup. Entonces, doblemente excitadísimo, bajó a comer de entre las piernas de la mujer.

La lluvia no es lúgubre. Está bien, hay oscuridad, los pájaros no cantan, no dan ganas de salir. Pero no le eches la culpa a la lluvia.
El día no es denso, el tiempo no es malo, el lugar no está podrido, somos nosotros.
Mi amor, si con un recuerdo me alcanza, para qué más. Con que seas, no sé, algo, una marca, un olor perdiéndose ,una mordida, el dolor de los tendones de la entrepierna después del sexo, alcanza.
No pretendas (¿para qué? no vale la pena) estar más, ser más. Si arriba, abajo, mismo adentro mío, hay un no sé qué de nauseabundo, y lo lindo tiene un no sé qué de angustiante.
Quedate perdido. Yo encuentro las señas, y siempre voy con mi manual para recordar.

Decime qué querés que te traiga, si a mi casa voy. Que queda en el infierno de los mundos, ida y vuelta, es sólo un rato, voy así, voy de sonámbula, y te pienso mientras tanto (¿sabés, que he estado soñando bastante con vos?), y me hacés acordar a las miles de lenguas que salen a recibirme en el camino, largas, húmedas y amables como un bostezo tuyo una mañana con resaca, pero sin el olor a alcohol mal digerido. No me puedo tocar la piel porque entre mi mano y yo se pringa el espacio, se resbala, se escurre, y cuela por las axilas, por detrás de las orejas, por entre las piernas y sube blando y lamiendo caliente por entre las nalgas. No puedo seguir avanzando, no se ve nada, y se me frena el paso, estoy entorpecida en un mar de humores que me manipulan los miembros, frotándolos y flexionándolos a su placer, hay momentos que no piso el suelo. Me queda dejar de resistir, cuando puedo confiar mi siesta y tenderme al amparo de tus mil manos que vienen a tocarme. No sé qué haría sin vos, mi amor.

martes, febrero 01, 2011

La vida misma

Lo que hacemos va en cierta coherencia
con lo que recordamos que hicimos.
Lo que somos va en cierta coherencia
con lo que recordamos que fuimos.
Lo cierto es que recordamos muy poca
parte de todo el pasado. Y cada vez menos.
Y el pasado es cada vez más.
Podríamos inventarnos recuerdos nuevos.
Deberíamos poder elegir nuestra personalidad.


miércoles, diciembre 01, 2010

Neli. Soneto - Haikus

Sueña despierta,
las pesadillas va
siempre burlando.

En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada,
en viento, se dan vuelta las historias
de mandarino,
lunas,voz, pasos, tiempo,
jardín de ranas.
¿Acaso no podría ser la gloria,
hosca, insulsa, de la muerte, trocada

en el camino inverso que trazaba
recién la noche,
patio de olor dorado,
colando vidas?

Florecieron jazmín, día, magnolia
y juventud, ¡hoy!, traída en memoria,
croar de gotas,
salamandrear de leños.
Melancolía
futura que es lenta y va aguardada.

Vos que sabés,
(de perfumes, de encantos,
qué trae la angustia),
aire: me decís, esquivando espantos
centellantes del pasado, que fue la
canción —hereda
sueños, hace de ellos
una milonga—
la que entonces hizo envolver un manto

que en mí y a mí y de mí cuida y consuela
hace ocho décadas. Si mientras tanto
nieva en el valle
¿la hoguera dónde está?,
mi brazo alcanza,
mece y arrulla de niña a mi abuela.

Son infinitos
recorriendo los siglos,
estos segundos.

viernes, noviembre 05, 2010

Canción idílica


Nuestro cariño es de albóndigas, ajos, nueces, y más,
es de sartén quizás. De buñuelos.
Se mete en una empanada, a ese cariño,
y en el horno, de barro y garganta,
se cuece y perfuma,
se ablanda, se enhebra,
de aceituna y comino
(Y con ese vaho peregrino
se mece un búho en su desvelo.)

Bebéte el vino, amor, antes que la madrugada
nos evapore la luna.

Nuestra dulzura es de postre, que viene rezagado,
una fruta que escurre un tarareo
(vibrante de limón, punzante de miel
de durazno, tierno,
de pedrada para el ave; para el pez, de anzuelo.)

No sabés de donde viene mi voz,
yo te siento venir blando
con latidos de flan
y anticipo en el paladar el sueño blanco de crema,
y ya entibiada una pena bajo a cantarte
desde el camino.

Bebéte el vino, amor, antes que la madrugada
nos evapore la luna.

Nuestro descanso es de café,
si se sabe disfrutar no se advierte su amargura,
da más luz a veces la penumbra
que los que se toman por momentos dorados.
Es el humo de salmón que hay sobre las tejas
(allá, lejos,
bruñendo un horizonte
y acá, bajo las mantas,
concentrado en vapor)
lo que descifra en ironías la borra del pocillo.

No quiero saber de azares
más que el que con vos haga a mi tarde emborracharse,
ni quiero perder tiempo
otro que el abandonado a tu cuento interminable de cena.

Bebéte el vino, amor, antes que la madrugada
nos evapore la luna.

jueves, noviembre 04, 2010

Auto advertencia del lector (Pensamiento)

Grabé,
con la cinta indecisa de la memoria y la casualidad de mi (h)ojear en vaivén,
recién,
el latido discontinuo de la marcha de mis dedos y su triste caudal,
raudal,
que no alcanza para nada en el río que se abre, como el libro que ahora miro, leo,
y me arrebato en cascada y recuerdo confuso como cuando del sueño uno se despierta.
Advierta
mi voz el ocaso ciego, batiendo el poema en voz alta, y que un viento vibrando
eyacule, titubeante, pringoso y final, disonancias de acordeones contra la piel.
Sé fiel,
(me digo)
a lo que te inventaste que tenés en la cabeza.

martes, noviembre 02, 2010

Sueño del día de los muertos

Anoche soñé con una muerta, toda la noche, todo el sueño, larguísimo. Era yo.
Un día entero de ver los preparativos a mi propio funeral y entierro, de ver cómo la gente (no mucha, igual) sufría. Y cierto absurdo por presenciar todo eso. Un punto de vista desde la muerta. Hastiada de tanto sinsentido llevo mi mano a la garganta, buscando el pulso. Resulta que en lugar de pulso está cierta vibración extraña. Entusiasmada le comento a mi madre que no estoy muerta, que algo de sangre fluye por mis venas ya que las venas se mueven, aunque sea un poco. Me dice mi madre, llena de dolor, que el médico dice que eso dura sólo un día, y después de ese día a veces se vuelve al pulso normal, y otras, la gran gran mayoría, deja de vibrar, de moverse, de todo. Lo más probable es que no sobrevivas, me dice.
A partir de ahí se torna, entonces, no que estoy muerta, sino que estoy en el último día de mi vida, y que además impedida, porque urgida por realizar en el último día de mi vida alguna de las múltiples acciones que cualquier persona joven tiene la ambición de realizar, debilitada, porque la leve vibración de mi sangre en mis venas iba disminuyendo y el cansancio iba en aumento.
Al final, esperaba morirme.
El alivio es despertar.
El no alivio es sentir que toda mi vida es ese día de mi sueño.
El alivio es saber que es mucho tiempo por delante.
El no alivio es saber que es mucho tiempo por delante.

jueves, octubre 28, 2010

Facebook

El gran poder de no pensar,
horas que se gastan así
no se recuperan
ni en la muerte,
y en la vida no queda tiempo,
estamos muy ocupados
en seguir perdiendo nuevas horas que llegan.


martes, octubre 26, 2010

Doncella y unicornio


La antropofilia por aquel entonces, además de ser moralmente inaceptable, era penada por la ley. El condenado fue sentenciado a la amputación de su cuerno y la humana fue devuelta al circo, esta vez en una jaula para ella sola.


viernes, octubre 08, 2010

El patrón salió a caminar a la hora en que la escarcha aún no se derrite del pasto. Caminó lentamente, como un autómata, como un sonámbulo. Se quito las botas y siguió caminando, se quitó la camisa y siguió caminando, se quitó los pantalones y siguió caminando, se quitó la cabeza y siguió caminando, totalmente desnudo siguió caminando. Los peones lo miraron mientras se transformaba en novillo y se metía en el matadero.

martes, septiembre 14, 2010

O

           Él era ciego, pero además sordo.
           Así era como a su piel llegaba el mundo con tacones de punta, el viento era mucho más que decir rojo o azul o paisaje, el sol era de tibiezas cuatridimensionales, una fragancia era un ballet esculpido en el aire y en el tiempo; una comida, un espiar a los dioses creando cuerpos. Y en esa mente hay símbolos, imaginaciones, interminables, indescriptibles, que empiezan y terminan con la precisión de un vaho.
          Ah, cómo lo amé apenas lo conocí. Porque incluso siendo invento él, yo soy tan solo una sombra vibrante al ras suyo, y su nariz y su lengua, las causas de querer estar y emanar vida. Con él soy una percepción más física que supuesta: existo. El resto de los mortales me ve y me oye. Entonces soy un espectro mentiroso, creando imágenes cuando todavía no me he ido.

lunes, septiembre 13, 2010

Fin de cuento


Un hombre, de aproximadamente 90 años, está parado frente a un muro blanco y con el dedo índice va aplastando rítmicamente las hormigas que están sobre el muro, y una a una las hormigas van cayendo muertas al suelo. Después de un momento se detiene el hombre y mira hacia lo que ha dejado atrás: el muro blanco enorme, larguísimo, interminable, con cantidades casi infinitas de hormigas muertas al pie. Gira la cabeza y mira hacia lo que le queda delante, apenas un par de metros de muro atiborrado de hormigas vivas desde piso hasta arriba. El hombre suspira y dice, Carajo, me quedan todavía diez mil hormigas de vida.

martes, septiembre 07, 2010

Interior previo



De tu noche hasta mi casa son mil pasos
que conozco en mi memoria y en mi inercia
harta de ser (quien oyera tu insistencia
supondría) deseo tuyo, escaso,

frustraría soledades, por si acaso,
que tomaran por absurda la existencia
de mí y mis fragilidades que empiezan
incluso antes de llegarme hasta tus brazos.

El frío es hondo y cansado y al pasar
(ya no hay miedo de llegar a mi destino
ni con una compañía que me invento)

el viento congela travestis de sal,
pinta veredas. Yo paro, porque el camino
justo me jode en el pie y en el soneto.


lunes, septiembre 06, 2010

El sexo de los delfines

—¿Sabías que los delfines son casi la única especie de animales que hace el amor por placer?
—¡Pero qué idiotez por favor! Es ridículo, todos los animales hacen el amor por placer, ¡acaso  van a estar pensando “debo montarme alguna hembra porque si no mi especie se extinguiría y eso sería una catástrofe para nuestro sistema”! ¡Absurdo! Todo lo que se hace, todo lo que hacen todos los seres de todo el universo lo hacen por placer, me rasco el culo cuando me pica ¡por placer! me como esta banana por placer, ¡pero me quieren vender que yo me como esta banana porque tiene potasio y hace bien! ¡las bolas!, me como esta banana por el mismo motivo por el que me tiro un pedo cuando se me viene la gana: ¡porque me caga de gusto! ni más ni menos. Me refresco con una manguera en verano, me siento al sol a que me abrigue la piel en otoño, por puro placer carajo. La gente tiene hijos por placer, le importa un huevo la especie humana, sabe que la humanidad es una cagada y tiene hijos igual, la gente tiene amigos, enemigos, abraza, sonríe, tortura, mata al otro porque en el fondo de su ser siente el placer de hacerlo, pero tiene que mentirlo buscándole una causa. Pasa que la gigantesca hipocresía humana se ha esforzado en disfrazarlo, disfraza el placer con moralidades, éticas, fundamentos, lógicas, excusas, dioses, calorías, compromisos, esquemas, ¡todo de mentira! con qué objeto, ¡con el de dominar!, porque a las personas que quieren dominar no le conviene que la gente sepa que sólo vive por placer y nada más que por placer, tienen la necesidad tajante de hacer creer a la gente que tiene cosas más importantes que hacer en el mundo, que tiene “obligaciones” ¡como si de todos modos todo no fuese una cagada enorme, como si no nos muriéramos sin más ni más, como si realmente valiéramos más que un delfín o un hámster! El día que la gente se de cuenta que sólo debería pasar por el mundo para vivir cosas placenteras, el poder, cualquier clase de poder, va a dejar de existir, ya no tendría razón de ser.

viernes, septiembre 03, 2010

Contratiempos administrativos


— Hola, quería pedir si por favor puedo presentar el trabajo QXA el miércoles de la semana próxima, y no el viernes, ya que tendré que viajar a mi ciudad el fin de semana.
— Por qué motivo.
— Por fuerza mayor. Me van a avisar el jueves que mi tío Jorge ha muerto.
— Pero el miércoles no va a haber nadie para recibirle el trabajo.
— Ya se los dejé el mes que viene a los gfrityujos.
— Ah fenómeno. Pero sepa que su trabajo QXA no está aprobado. Pase a retirarlo cuanto antes, que la gente ya no puede guardárselo más tiempo.
— Ok, cuando lo escriba lo quemo.

jueves, septiembre 02, 2010

Y


Concluyendo que su cabeza, miembros, órganos, córneas, mente y sentido común estaban de sobra, donó todo a instituciones pertinentes y pudo irse por fin por ahí, siendo un poco viento y un poco final.


sábado, agosto 28, 2010

Soneto


Tristón tenía el mago el rutilante,

de la más vasta y fresca luz del día,
jasmín, que porque el ceño le fruncía
obligaba a sí mismo ir delante.

Pescuezo del camello tan pedante
que ni él mismo le dijese al kía
que ella enderezando su bravía
rumiaba un envión visto el turbante,

y buscó entre sus castidades esas
sonoras llamaradas del apuro
que osado ÿ sutil llamaba fresas,

los ayes ya oídos de un auguro
reían de la magia en sutilezas
con ella, la que dio el beso oscuro.



Ispirado en un soneto de Luis de Góngora, del que me gustó mucho la sonoridad pero que no entendí nada.



martes, agosto 10, 2010

Sabidurías de la lámpara


Esto es una locura
pero veo la lámpara de brazo articulado (que está aferrada a mi cama)
y veo el final
y veo que se mueve
como me late el corazón.
Esto es una locura,
que por un foco
me de cuenta que vivo.


viernes, marzo 12, 2010

sábado, enero 30, 2010

Una casi historia de amor

          Recuerdo una situación extraña que me aconteció el año pasado en París. Es una historia casi romántica y con un poco de voluntad pudo haber terminado un poco bien, pero no la hubo, así que no. Empieza bien.
          Caminaba yo por el Boulevar de Clichy en el glamoroso barrio Pigalle. Era de día y los colores y luces de las sex shops no se lucían tanto, igualmente el boulevard era precioso. Estaba todo arbolado entre la plaza Pigalle y la de frente al Moulin Rouge, y antes de bajar al subte de Blanche estaba buscando un baño porque ya me re meaba. Cada tanto, en ese (y otros supongo también) boulevard hay una casuchita de baño público, pequeño, como de micro, con una puerta medio circular, bastante futurista el diseño, como una nave espacial.
          Estoy por entrar a uno cuando me cruzo en la puerta con un tipo que salía. Era joven, no turista, vestido como quien está en su rutina y fue o va a trabajar. Se sorprende de mi presencia y nuestras miradas se cruzan, él me sonríe raro, con amabilidad y vergüenza (asocié esa mirada a la que suelen hacerme las personas cuando les gusto), parecía apurado y por todo eso me cayó bien. Yo soy medio indiferente a la situación, pero como de costumbre siempre que alguien me gusta, y más estando en una ciudad con tanto prestigio en cuestiones de romance, o al menos márketing, en un microsecundo invento la posibilidad de una relación con el francesito, un inicio de conversación, una posible invitación, un futuro no muy lejano de cuerpos pegándose, un enamoramiento intenso y por qué no, una mudanza definitiva a París con casa, hijos y un gato parisino y negro.
          Él se fue tan rápido como el divague porque ni bien deslizo la puerta curvada y entro, se me presenta frente a los ojos, altivo, arrogante y burlón, un sorete grande como un plátano que me obligó a no soñar de más y a no dar la vista atrás. Le oriné encima.

sábado, enero 16, 2010

el no de las cosas



Me aterran las cantidades de montañas de opciones, de caminos, de bifurcaciones, trifurcaciones, tetrafurcaciones. Hay mil maneras de escribir una idea, de contar un cuento, de hacer un itinerario, de pensar una fantasía, de vivir una vida. Incluso en estos tres renglones que llevo escritos pasaron por mi cabeza variaciones incontadas de esta idea, que quizá hace un minuto apenas o menos, no había imaginado así, quizá solo la había imaginado como: Me aterran las opciones, los laberintos y la elección. O ni siquiera. Ya siquiera ni me acuerdo.
Me aterra la cantidad de cosas no hechas que hay en la vida. Me asusta la no existencia.
Como pensar en un hijo que no se tiene aún. Y amarlo. Y uno no sabe si pensar o no si es persona.